
Yo era el mejor vendedor de mi región en Amazon, en Alemania, laburando en un idioma que no era el mío.
Y un día me sentaron y me dijeron que mi rol no hacía falta, no es que yo no servía, ojo, solamente mi puesto, y ser el mejor de la región ahí adentro, que es una cosa que me había costado años, no me sirvió absolutamente de nada.
Y sí, estoy en bata, ya lo vamos a hablar más adelante.
Durante años dije que me adapto muy rápido. Lo dije en entrevistas, lo dije en cenas, lo puse en el CV más de una vez porque creía que eso me iba a poner automáticamente contratado.
Lo decía igual que si dijera que mido 1,80, y no mido 1,80, pero se entendía como un dato mío.
Este año que estoy de vuelta en Argentina, ordenando por qué afuera me fue tan bien y por qué acá quizás me está costando bastante más de lo que esperaba, me di cuenta de que adaptarse rápido nunca fue una cosa mía.
Era un lugar donde yo estaba parado sin saber que estaba parado ahí.
Y de un lugar te podés bajar solo. O te pueden bajar a vos.

La primera vez que me fui por laburo tenía 17 años. Una pasantía de tres meses en China, casi todo el tiempo en Beijing. Si te sale eso a los 17, te vas y no lo pensás.
Mi jefa se llamaba Liu Ping, se sigue llamando Liu Ping, la veo casi todos los años en las ferias de incentivos y yo la llamo mi mami jefa china, y creo que la pasó bastante mal conmigo, porque yo era un latino con toda la energía del mundo y ella era una china estricta de verdad.
Un día me tuvo que decir de frente que aprendiera a comportarme como un adulto, y tenía razón, porque yo estaba protestando por hacer una tarea, que era sacarle fotos a ella y a su equipo, o sea la tarea por la que básicamente estaba viajando.
Después de China viví en Irlanda, Alemania, República Dominicana, Holanda e Inglaterra. Seis países que no eran el mío. Y en casi todos me pasó lo mismo, mucho más rápido de lo que debería haberme pasado.
La cosa más útil que hice en mi vida la hice sin saber que la estaba haciendo. Fue aprender el idioma en serio.
Fijate el mecanismo, porque es medio ridículo cuando lo ves desde afuera: yo entro a un lugar en Munich, en Zurich o en Viena, y el que está atrás de la barra me mira y ya sabe que soy semejante turista, y no se equivoca del todo, porque claramente no tengo pinta de germánico, pero se equivoca en la parte importante.
Abro la boca, y ahí cambia todo.
Durante años pensé que cambiaba porque hablaba bien alemán. Y no tiene nada que ver. Cambia porque sé las palabras exactas, sé los chistes y sé las cosas que ningún curso o app te puede enseñar.
Y yo seguía sin parecer alemán, nunca dejé de parecer lo que soy, un pibe que parecía un turco, medio judío, árabe, y ya estoy con acento austríaco al parecer. Esa era la parte que a mí me confundía.
Cuando vos sabés el idioma ajeno, y esto vale igual para las normas culturales del país donde vivís, te empiezan a tratar mejor. La razón es medio preciosa: le da curiosidad a tu historia, porque ya le estás mostrando una prueba de que te metiste en su comunidad.
Ahí está el mecanismo, y me llevó como diez años o más, por decirlo. El idioma era el peaje.
Vos pagás el peaje y te dejan entrar. Pero como seguís sin parecer del todo de ahí, nunca te dan el carnet del todo. Entonces te quedás con las dos cosas al mismo tiempo: entrás, pertenecés, pero seguís mirando como alguien desde afuera.
Y mirar desde afuera te obliga a aprender las reglas a propósito, una por una, como un idiota, preguntando cosas que todos los demás ya saben, porque el resto de la gente de tu oficina las aprendió a los 15 años sin darse cuenta y por eso mismo ya no las puede ver.
Yo las podía ver porque las había tenido que estudiar.

Hace seis meses me mudé oficialmente a Buenos Aires, que es básicamente la única ciudad del mundo donde no tengo que pagar peaje. Nací acá, hablo como los de acá, y me han dicho varias veces que sueno como el estereotipo porteño belgranense. Orgulloso de ser el cliché.
Entiendo los chistes sin que me los expliquen y sé cómo funciona todo sin tener que mirar.
Y por mi propio argumento, eso me tendría que estar haciendo peor. Lo peor de todo es que creo que efectivamente me está haciendo un poco peor. Lo noto en cositas chiquitas. Acá soy uno más de los que absorbieron las reglas a los 15. Y quizás sin darme cuenta. Y por lo tanto, uno más de los que no las pueden ver.
Volviendo a Amazon: lo entendí recién ahora. Yo era buenísimo adentro de la empresa de otro. Y la empresa de otro se puede borrar de un día para el otro, y a vos te avisan por un calendario.
Aun sabiendo todo esto, me volé igual. A propósito. Nadie me está apuntando con un arma.
Acá viene la parte donde me contradigo. Lo que estoy construyendo acá no se puede tocar: es recuperar la proximidad con mi familia, con mis amigos, con mi cultura, con mi gente. Si el Iván que vivía en Alemania me hubiese escuchado decir esto, me habría dicho que soy un pelotudo. Y hoy resulta que es lo que más me importa.
No tengo un número para mostrarte, ni un gráfico, ni una captura de pantalla de nada, porque resigné una ventaja profesional real, medible, que me hacía ganar muchísima plata, a cambio de algo que no puedo poner en una planilla, y todavía no sé si va a salir bien, pero lo que sí sé es que la elegí yo, que es distinto a que te la saquen.
Y si la ventaja es un lugar donde estás parado y no un pasaporte, entonces vos también te podés volver a parar ahí a propósito, sin mudarte a ningún lado. ¿Me seguís?
Una sola cosa me está funcionando, y no son tres ni son cinco, y es meterme en lugares donde soy el que menos sabe, bastante seguido, como para que me deje de dar vergüenza.
Siempre dije que quiero ser la cola de león que la cabeza de ratón. Que es exactamente donde estaba yo a los 17, cuando una señora china me tuvo que explicar cómo comportarme.
La única diferencia es que ahora lo elijo yo.
Nos vemos la semana que viene,
Iván
P.D. La bata. Es la que es mía, no la de un hotel, y usarla en mi propio living con una taza de té es como la prueba que la vida me está dando lentamente de que la apuesta era la correcta. El episodio entero, con la explicación, está acá:
Y si no te ponés una bata en tu propia casa, ¿cuándo? Y si no te la ponés vos, ¿quién?
